A través de los milenios, siglos, décadas y años, el ser humano, incomodo con su condición de mortal y limitado, ha avanzado con el estudio de su entorno y de si mismo, del universo, de la galaxia…
Y gracias a su empeño y dedicación ha logrado comprender infinidad de cosas, que van desde la composición de su cuerpo, de su ADN, hasta el movimiento de los planetas, pasando por el estudio de la materia, de la luz y del sonido.
Estamos cada vez mas cerca de conocer nuestro origen, eso es algo innegable, hemos avanzado tanto en los campos de la ciencias; que si miramos hacia atrás, nos sorprenderemos a nosotros mismos al ver que cada, objeto que utilizamos, cada obra creada por el hombre, que vemos, es un milagro de nuestro ser.
Pero he aquí donde todos los esquemas de la ciencia caen y se tornan inútiles. Y es que podremos saber como fuimos creados, pero hay algo que quizás nunca podamos dilucidar, y es el: ¿para qué?
Y es que parece no haber respuesta para esa simple pregunta; la ciencia no ha podido contestarla, y, dudo que pueda hacerlo, será por que su respuesta se aleja de lo fáctico y parece más ligado a lo teológico y lo filosófico.
Existen varias teorías acerca de ello, pero no podemos decir con exactitud el “para que” de muchísimas cosas que nos rodean por fuera y por dentro de nosotros mismos, y es que, esa búsqueda de una razón es lo que nos impulsa a vivir nuestras vidas plenamente, por que tal vez, si lo supiéramos, sería como ver una película, de la cual ya conocemos el final.
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