En el estudio de la psicología, Maslow, planteó una escala de necesidades del ser humano, las expresó en un esquema piramidal, en donde en su base se encontraban las necesidades primarias, o básicas, y en su vértice superior, aquellas necesidades mas superficiales, o creadas.
El planteo es totalmente correcto, y la disposición, orden y categorización es acertado, pero hay un aspecto que se dejó de lado, y es la necesidad más básica que tiene el ser humano: El Tiempo.
Voy a plantearlo de una manera práctica para comenzar y luego explayarme sobre el tema: De que sirve el amor, sin tiempo para demostrarlo?, De que sirve el dinero, sin tiempo para disfrutarlo? Podría seguir con cantidades de ejemplos, pero estos 2 bastan y sobran para la comprensión de lo que expongo.
Y es que el tiempo, es nuestra necesidad más básica, por debajo de todas las demás, como comida agua, vestimenta, etc.
Si fuera planteada en el ejemplo de Abraham Maslow, el de la pirámide, el tiempo se encontraría por debajo del primer escalón, estaría en los cimientos, invisible, intangible, pero que funda la base para sostener todo lo demás.
Por eso: sin tiempo… no somos nada. Dame tiempo y haré lo que sea.
sábado, 29 de enero de 2011
domingo, 9 de enero de 2011
El Tiempo
El tiempo, la vara con que se miden nuestras vidas y todo lo que acontece a lo largo de ellas.
Dejando de lado la poesía podemos calificar al tiempo como una unidad de medida más, a la par de la distancia, el peso, etc.
Tomándolo de manera filosófica, el tiempo nace con cada uno de nosotros, los católicos tomamos el nacimiento de Jesús como medida temporal, como inicio de nuestras historia como sociedad, lo cual nos lleva a decir que estamos en el año 2011, los judíos en cambio utilizan otra medida temporal, basada en el calendario hebreo con modificaciones sobre la misma.
Basamos todas nuestras acciones en la medida temporal universal: años, meses, días, horas, minutos, segundos, etc. Pero es aquí donde encontramos una doble paradoja: Nosotros le pertenecemos al tiempo y el tiempo nos pertenece a nosotros. Por ende somos criaturas temporales, tenemos inicio y fin como todos los objetos vivientes, pero también tenemos la posibilidad de manejar el tiempo, aunque de forma limitada, pero podemos administrarlo.
Si bien el tiempo es una medida universal, deberíamos contar con una medida particular, no todos somos iguales, nuestros tiempos tampoco lo son, por ejemplo, cumplir una labor a una persona, puede demandarle mas o menos tiempo que a otra, por cuestiones psicofísicas complejas que hacen a cada ser único e irrepetible.
Por esa misma razón tampoco podemos establecer un ciclo de vida común a todos los humanos, cada individuo tiene el suyo propio, dado por distintas razones, a veces ajenas a la voluntad de los mismos.
Por tal motivo, visto y considerando, podemos decir que el tiempo no lo medimos en años, meses, horas, minutos…lo medimos en latidos.
Dejando de lado la poesía podemos calificar al tiempo como una unidad de medida más, a la par de la distancia, el peso, etc.
Tomándolo de manera filosófica, el tiempo nace con cada uno de nosotros, los católicos tomamos el nacimiento de Jesús como medida temporal, como inicio de nuestras historia como sociedad, lo cual nos lleva a decir que estamos en el año 2011, los judíos en cambio utilizan otra medida temporal, basada en el calendario hebreo con modificaciones sobre la misma.
Basamos todas nuestras acciones en la medida temporal universal: años, meses, días, horas, minutos, segundos, etc. Pero es aquí donde encontramos una doble paradoja: Nosotros le pertenecemos al tiempo y el tiempo nos pertenece a nosotros. Por ende somos criaturas temporales, tenemos inicio y fin como todos los objetos vivientes, pero también tenemos la posibilidad de manejar el tiempo, aunque de forma limitada, pero podemos administrarlo.
Si bien el tiempo es una medida universal, deberíamos contar con una medida particular, no todos somos iguales, nuestros tiempos tampoco lo son, por ejemplo, cumplir una labor a una persona, puede demandarle mas o menos tiempo que a otra, por cuestiones psicofísicas complejas que hacen a cada ser único e irrepetible.
Por esa misma razón tampoco podemos establecer un ciclo de vida común a todos los humanos, cada individuo tiene el suyo propio, dado por distintas razones, a veces ajenas a la voluntad de los mismos.
Por tal motivo, visto y considerando, podemos decir que el tiempo no lo medimos en años, meses, horas, minutos…lo medimos en latidos.
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