Hay una constante en todos los niños, de todas las razas y
religiones. Y es el hecho de tener una mente fantasiosa, carente de
limitaciones impuestas por la lógica.
El niño no conoce de imposibles, nada sabe de las
limitaciones físicas.
El adulto en cambio, mas “maduro”, sabe que hay cosas que no
son capaces de realizar y cosas que si.
Hasta aquí, en teoría todo esta balanceado… los adultos son
los encargados de “educar “al niño y explicarle lo que se puede lograr y lo que
no.
Pero, aquí yace la raíz del problema. Los adultos en vez de
transmitir coherencia, vuelcan sus frustraciones personales hacia los más
jóvenes, proyectan sus incapacidades hacia ellos. Los sumergen en el mundo del
“NO”. “no se puede”, “no lo hagas”, “no lo vas a lograr” “no vas a poder vivir
de lo que te gusta” “no, no y no”.
Cada vez, desde mas temprana edad, se les va inculcando a
las personas, que todo aquello que quieren hacer, o lograr, es imposible.
Se va callando la voz del niño interior. Que en definitiva es
la voz de la creatividad. Es el niño interior, el encargado de fantasear y con
esa fantasía lograr cosas creativas. Y el adulto debería ser el encargado de
poner límites a esa fantasía para hacerla viable. Cuando los hermanos Wright
(creadores del primer avión) lograron volar por primera vez en la historia de
la humanidad. Seguramente su niño interior les dijo: “Podemos volar… volemos!”.
Pero fue el adulto, el mayor el encargado de decir: “No podemos volar por
nuestros propios medios, carecemos de alas o cualquier otro elemento que pueda
lograr que nos mantengamos en el aire por cierta cantidad de tiempo”.
Pero en cambio, por una cuestión cultural, que trasciende
hacia todas ellas. En vez de limitar la mente creativa del niño y guiarla hacia
el camino de la coherencia. Directamente se cercena, se la corta de raíz.
Y cada vez se vuelve un problema más común. Incluso las
nuevas generaciones lo sufrirán mucho más. Por una cuestión de un
apresuramiento de la madurez. Los niños son niños cada vez menos. Se los trata
como adultos, y se les exige como tales. Y también se le transfieren los miedos
y las frustraciones pre-fabricadas, propias de los adultos.
Tal vez noten que ciertas personas, relacionadas a ciertas
actividades, que necesitan de la creatividad, a veces actúan como si tuvieran
una niñez o adolescencia prolongada. Se les critica ese aspecto de su ser, en
vez de alentar a maximizar la creatividad, que en definitiva es la que fuerza
creadora, que con el control del adulto es la responsable de todo lo nuevo, de
todo aquello que se imaginó y se concibió.
No cercenemos la creatividad, no acallemos la voz del niño
interior, no hagamos que madure de golpe, dejemos que sea niño y le impongamos
limites flexibles y adecuados para que se desarrolle de forma natural y llegue
a ser un adulto creativo.
Hermoso texto. ¡Dejemos que nuestro niño interior viva a flor de piel! Siento que es la única manera de disfrutar de las cosas simples de la vida que, en definitiva, terminan siendo aquellas que perduran y transcienden desde nosotros hacia los demás.
ResponderEliminarMuchas gracias! Es así como decís, muchas veces nos olvidamos de ser niños, por que la sociedad te lleva a tener que ser "maduro" constantemente.. y en un momento de la vida paramos para preguntarnos si somos felices.. y vemos que no!
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